¿Cómo se alimenta la planta?  Abonos  Macronutrientes primarios
Macronutrientes secundarios Micronutrientes
Recomendación Abonado
 
Nitrógeno
Fósforo
Potasa
 
   
 
 
 

    Se encuentra en la atmósfera pero no puede ser asimilado por las plantas.

 
 

    Se encuentra en forma mineral u orgánica. En forma mineral es el alimento básico de la planta..

 

    El nitrógeno se acumula en el suelo bajo forma de humus orgánico. Este nitrógeno es mineralizado progresivamente por bacterias (1-2% al año) para convertirse finalmente en nitrógeno nítrico. .

 

    El nitrógeno ureico (orgánico) es una forma no asimilable directamente por la planta. En condiciones de humedad, temperatura y mediante la enzima ureasa se transforma rápidamente en nitrógeno amoniacal. .

 

    El nitrógeno amoniacal es el resultado de la primera transformación del nitrógeno orgánico. Esta forma del nitrógeno es soluble en agua y queda retenido por el poder absorbente del suelo. Es una forma transitoria, que se transforma en nitrógeno nítrico. Este proceso consta de dos partes:

 
 Nitritación: al amoniaco es oxidado a nitrito por las nitrosobacterias (nitrosomonas).
 Nitratación: los nitritos son oxidados a nitratos por las nitrobacterias (nitrobacter).
 

    El nitrógeno nítrico es la forma en la que la planta absorbe la mayor cantidad de nitrógeno. Es muy soluble en agua y no es retenido por el poder absorbente del suelo, sino que desciende a capas profundas del terreno arrastrado por el agua. Durante este transporte es cuando las raíces deben tomarlo para no perderlo. Si el nitrógeno aportado con los fertilizantes está en esta forma química, gran parte del mismo puede perderse al subsuelo sin que las raíces tengan tiempo para tomarlo.

 

Es muy importante que se produzca en el suelo toda la cadena de transformación del nitrógeno. Esta se consigue de forma natural en un corto espacio de tiempo y asegura un suministro “controlado” del nutriente sin pérdidas importantes del mismo por lixiviación con el consiguiente beneficio para la planta y el medio ambiente.

 
 

    El nitrógeno sirve de partida a la planta para la síntesis de proteínas, enzimas y vitaminas de sus tejidos por esto hay estados vegetativos en los que la planta tiene una elevada necesidad de nitrógeno: durante el crecimiento activo para formar raíces, órganos reproductores, fecundación, etc. En cultivos como el del maíz el rendimiento y la calidad dependen del contenido en proteínas, es decir, del nitrógeno..

 

También ejerce una acción de choque sobre la vegetación y es el factor que determina los rendimientos por lo que constituye la base del abonado.

 

Una planta bien provista de nitrógeno brota pronto y adquiere un gran desarrollo de hojas y tallos tomando un color verde oscuro por la gran cantidad de clorofila.

 

    La insuficiente nutrición de la planta en nitrógeno se manifiesta, en primer lugar con:

 
Vegetación raquítica.
Maduración acelerada con frutos pequeños y de poca calidad causada por la inhibición de formación de carbohidratos.
Hojas de color verde amarillento.
Caída prematura de las hojas en el otoño.
Disminución del rendimiento.
 

    El exceso de nutrición de la planta en nitrógeno produce una vegetación excesiva que conlleva algunos inconvenientes como pueden ser:

 
Retraso en la maduración: la planta continúa desarrollándose pero tarda en madurar. Así, en el girasol, se produce un crecimiento excesivo de la planta en perjuicio de la producción de semillas.
Mayor sensibilidad a enfermedades: los tejidos permanecen verdes y tiernos más tiempo, siendo más vulnerables.
Tendencia de los cereales a encamarse porque las cañas son menos rígidas y más altas.
 
 

    La eficacia del abonado nitrogenado y la defensa del medio ambiente pasa por un control de fraccionamiento del Nitrógeno, acomodándolo a las necesidades del cultivo en cada período, sin perder de vista las cantidades aportadas por el suelo. Se trata, por tanto, de aportar en cada momento, de forma suplementaria, el nitrógeno que el suelo no puede proporcionar.